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27/12/2018

Alemania ofrece para los diésel transformaciones para evitar restricciones


Alemania se prepara para una transformación masiva, de millones de vehículos, para que así cumplan los límites de emisiones. Es una alternativa a impedir la circulación de tanta gente que sigue necesitando usar su coche para trabajar o hacer su vida en las grandes ciudades.





Sigue trayendo cola el asunto de los diésel en Alemania. En el país europeo donde más coches se venden y producen, el motor diésel sigue siendo muy importante a pesar del bajón de popularidad tras el Dieselgate. Hay unos 15 millones de turismos diésel en Alemania, y unos 2,7 millones cumplen Euro 6. Todos los demás se exponen a prohibiciones o limitaciones para circular en zonas de las grandes ciudades donde no se alcancen los mínimos de calidad del aire. Los ayuntamientos están obligados, por un fallo de un tribunal federal, a tomar medidas para reducir la galopante contaminación. Una forma de esquivar dichas prohibiciones es hacer modificaciones en los coches para que su escape sea más limpio. Ayer mismo se dio un paso fundamental desde el Ministerio de Transporte, que ha presentado la regulación técnica que deben cumplir los vehículos transformados. No hablamos de simples reprogramaciones, sino de modificaciones mecánicas.

Para los fabricantes hay una tercera vía, y es estimular la venta de coches nuevos para solucionar el problema más rápido, entregando a cambio el vehículo antiguo diésel. El destino de esos vehículos usados es o bien el desguace, o bien países del Este donde son bien recibidos (la calidad del aire no les preocupa de la misma forma). Simplemente cambia el problema de sitio.

Para los fabricantes hay una tercera vía, y es estimular la venta de coches nuevos para solucionar el problema más rápido, entregando a cambio el vehículo antiguo diésel. El destino de esos vehículos usados es o bien el desguace, o bien países del Este donde son bien recibidos (la calidad del aire no les preocupa de la misma forma). Simplemente cambia el problema de sitio.

De la teoría a la práctica hay algunas complicaciones. Básicamente hablamos de modificaciones en el escape, pero los motores tendrán que quemar más gasóleo (para que la combustión sea más completa) y el escape trabajar a mayor temperatura para que los catalizadores funcionen correctamente. En otras palabras, los efectos secundarios pueden ser más consumo (y más CO2), y puede que pérdidas de prestaciones.

Los fabricantes no ampararán en garantía a coches que se transformen por terceras empresas, tal y como ha declarado el presidente de la VDA -la ANFAC alemana-, Bernhard Mattes, a la publicación Die Welt. Serán responsables los propietarios o quienes efectúen las transformaciones. Y es que hacer que los diésel sean "limpios" implica penalizaciones en el consumo, las prestaciones o la fiabilidad. Los clientes de Volkswagen lo saben muy bien, al menos la mitad de ellos. De hecho, en Estados Unidos Volkswagen sigue siendo incapaz de presentar a los reguladores (EPA y el CARB de California) modificaciones en los diésel que cogen polvo en enormes campas para poder cumplir la normativa que pretendieron esquivar. En ese país los propietarios pudieron elegir recompra del coche y recuperar dinero, pero en Alemania no se ha logrado tal cosa, y eso que la normativa europea es más blanda que la americana.

Volkswagen y Daimler pondrán de su parte para hacer estos "retrofit" (modificaciones retroactivas), pero BMW no, y los bávaros se limitarán a ofrecer descuentos en coches nuevos a cambio de entregar uno usado. Argumentan que hacer que los diésel Euro 5 acaben siendo limpios, sin penalizaciones ni efectos secundarios, les llevará 3 años. Ahora mismo la industria alemana del automóvil está muy ocupada en distintos frentes, como la electrificación en un tiempo récord, renovar gamas de producto que caducan rápido, conducción autónoma, nuevos servicios digitales, el objetivo de 95 g/km de CO2 para 2021... Son demasiados fuegos encendidos a la vez. Su postura se puede entender. Sin embargo, también hay que recordar que, si los fabricantes hubiesen hecho que los diésel cumpliesen los límites para los que fueron diseñados -en el mundo real, no en laboratorio- desde el principio, nada de esto sería necesario. Como es su pecado, ellos son los que deben afrontar todos los gastos, pues sus clientes obraron de buena fe, creían que compraban coches que respetaban la legalidad y el medio ambiente (dentro de lo razonable).


Fuente: Motor.es