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20/12/2018

De la muerte del diésel a la incertidumbre de nuevas alternativas de transporte


Ecologistas y científicos advierten de que el fin del gasóleo está cada vez más cerca y ofrecen diversas perspectivas para una transición verde en la que los vehículos de combustión interna desaparezcan o tengan un papel restringido y residual.





El futuro del diésel parece incierto. Desde que en 2015 saliera a la luz el escándalo de emisiones modificadas intencionadamente por el grupo Volkswagen en sus vehículos de gasóleo, la credibilidad de este tipo de carburantes quedó alterada para mal. Los ciudadanos respondieron a través del consumo y optaron por la compra mayoritaria de coches y furgonetas de gasolina. Tanto es así, que cada vez resulta más improbable que alguien que busca un cambio de transporte privado ponga sus ojos en el diésel. Los datos no mienten; en la primera mitad de año la venta de este tipo de vehículos en España se desplomó hasta el 43,3% del total de coches vendidos.

Por otro lado, las advertencias científicas y la presión de los grupos ecologistas han movilizado al bloque político internacional que, a través de acuerdos climáticos como el de París, ha tratado de construir un tejido normativo que comprometa a los países en la lucha contra el cambio climático. Entre esos compromisos —insuficientes para las organizaciones ecologistas—, la estocada vital al diésel se presenta fundamental para garantizar la reducción de emisiones de CO2 en materia de transportes. "Si no empezamos a hacer la transición ya, nos va a ocurrir lo mismo que con las cuencas mineras, que hemos llegado tarde y sin alternativas", avisa la diputada de EQUO Rosa Martínez.

En la mayoría de los casos, los gestos políticos se reducen a medidas fiscales. Un buen ejemplo es España, uno de los países de Europa con mayor número de vehículos diésel en su parque móvil. "Todo lo que tenga que ver con transición energética y sostenibilidad del país como la movilidad privada, que es altamente contaminante, tendrá su traducción en una subida de este impuesto", comentaba el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una entrevista para la Cadena SER.

Las evidencias de la contaminación del diésel son indiscutibles, sin embargo, su futuro sigue en al aire. Más aún, después de que en la pasada cumbre de Katowice (COP 24) se pusieran en entredicho algunos de los acuerdos del tratado de París de 2016. Al concluir las reuniones, la valoración de científicos y ecologistas se tornó unánime: la transición energética se ha estancado y no hay margen de maniobra.

Desde Transport&Environment apuntan que el fin del diésel no debe retrasarse. De hecho, la ONG detalla en un informe cómo de apretado es el tiempo que tiene España para efectuar una transición, en tanto que en 2030 las emisiones de CO2 deberían haberse reducido en un 28%, si se quiere cumplir con la normativa europea.

Para Nuria Blázquez, coordinadora de Transportes de Ecologistas en Acción, no existen medidas "duras" que den "respaldo a una transición ecologista". Aunque en algunos países se pueden haber tomado iniciativas políticas de cara al fin del diésel, la activista señala que “no hay un apoyo real y efectivo” contra este combustible que “es mucho más contaminante que la gasolina”. Sin embargo, desde la organización ecologista explican que el camino no debe ser la sustitución del parque móvil diésel por un escenario pleno de vehículos eléctricos.

Una premisa compartida también por Martínez, quien asegura que este cambio radical “no sería sostenible porque se abrirían nuevos problemas medioambientales relacionados con la robotización de la economía”. De esta forma, la muerte del diésel abre un nuevo panorama de incertidumbre en el que se deberán articular nuevas alternativas de transporte que garanticen un futuro libre de emisiones, pero que, además, no potencie otras formas de contaminación como pueden ser las extracciones de minerales para la producción masiva de baterías.

Blázquez, por su parte, deja claro que el problema de emisiones es demasiado serio como para establecer grados de reacción, por lo que insiste en que se deben tomar medidas inmediatas que nos lleven hacia “las cero emisiones” y, por ende, hacia la descarbonización del transporte. Para la activista de Ecologistas en Acción, el futuro debe pasar por "un modelo donde haya menos uso del transporte privado", así como por un sistema de movilidad pública que se combine con el empleo de otros vehículos alternativos como la bicicleta.

En otra línea se encuentra Antonio Turiel, investigador del CSIC, que, sin negar los efectos devastadores que tiene el diésel, pone el foco en un problema de disponibilidad. “El futuro del diésel es su desaparición, pero el de la gasolina también”, comenta a Público, para señalar que el gasóleo perecerá antes porque "los hidrocarburos que se extraen en su producción son mucho más limitados". Y es que, tal y como señala el científico, el factor productivo es también un elemento a tener en cuenta de cara al futuro de este carburante que se encuentra en una suerte de declive.

Si bien es cierto que Turiel asocia el fin del diésel a los límites petrolíferos, desde los grupos ecologistas urgen a tomar medidas que aceleren la transición antes de que el problema sea irreversible. Martínez (EQUO) evidencia la necesidad de que las políticas fiscales "verdes" obliguen "a contribuir más a las empresas que más han ganado a costa del cambio climático". "La transición ecológica tiene que ser inteligente y llevar consigo inversiones tecnológicas y estadios de futuro que puedan servir dentro de cincuenta años", añade.

Por su parte, la industria del automóvil, representada por la ANFAC (Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones), explica a Público que se necesitan medidas fiscales que apoyen al sector y faciliten el incremento de las ventas de vehículos de cero emisiones. “Medidas de ayuda a la compra, una fiscalidad favorable —como el IVA reducido para este tipo de vehículos— y un aumento de los puntos de recarga”, son algunas de las peticiones de la ANFAC.

Turiel, que también es el redactor principal de la web The Oil Crash, explica a este diario que el futuro del transporte debería pasar por "una mayor planificación" y por un sistema que restrinja el acceso a estos combustibles a las prácticas imprescindibles como pueden ser los vehículos de emergencia. "¿Qué sentido tiene mover a una persona de 75 kilos con un vehículo que pesa más de una tonelada?", ironiza. La solución, bajo su óptica, también podría pasar por el impulso de los transportes pequeños como el patinete eléctrico o la bicicleta. Pero, lo cierto es que el futuro del transporte, por las circunstancias políticas y económicas del momento, se presenta incierto.


Fuente: Público