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08/11/2018

Coches semihíbridos y etiqueta ECO: ¿engaño legal o solución al diésel?


Un sistema semihíbrido solo asiste puntualmente al motor principal, de ahí que la reducción en emisiones sea mínima.





Hazte a la idea, el futuro a corto y medio plazo habla de coches semihíbridos, tanto refiriéndose a motores gasolina, como a motores diésel. Aunque ya estábamos acostumbrados al coche híbrido como principal alternativa a los vehículos diésel, ahora el semihíbrido ha entrado en escena para poner sobre la mesa una nueva forma de reducir las emisiones amparándose en el beneplácito de la etiqueta ECO. En definitiva, qué es un semihíbrido y por qué es el coche que está llamado a ser la mejor alternativa a los ahora demonizado motores diésel.

La entrada en escena del semihíbrido está motivada por su alta practicidad, pues estamos ante un recurso sencillo y barato para reducir las emisiones homologadas de cualquier motor de combustión interna moderno (en torno al 10%), ya sea gasolina o diésel. Frente a un híbrido convencional, el semihíbrido supone un coste muy inferior, pues su misión es la de asistir al motor principal, evitando tener que ofrecer capacidad de impulsión real. De este modo todo el sistema está basado en una arquitectura modular compuesta por un generador/motor eléctrico que aporta hasta 15-20 kW extra, una instalación que trabaja a 48 voltios y una batería de pequeño tamaño. Un mismo sistema semihíbrido puede ser empleado por un motor de 3, 4 o 8 cilindros, diésel o gasolina, necesitando mínimas modificaciones para su implantación.

A efectos prácticos, el sistema semihíbrido consigue reducir las emisiones del motor principal gracias a la asistencia que realiza sobre éste, apoyándolo con energía eléctrica recuperada durante las deceleraciones. A ello se añade la posibilidad de sacar más provecho a la arquitectura de 48 voltios alimentando otros consumidores eléctricos, restando carga al motor térmico siempre que sea posible. Por tanto, sin importar tamaño del vehículo o motorización, cualquier semihíbrido que cumpla la normativa Euro 6 tendrá derecho a etiqueta ECO, lo que nos lleva al objeto de este artículo.

No cabe la menor duda, el semihíbrido está llamado a poblar nuestras carreteras, y todo ello es debido a la lesgilación y cómo ésta considera al semihíbrido. A efectos prácticos y teniendo ya en marcha un sistema de etiquetas de emisiones, cualquier semihíbrido (sin importar el grado de asistencia que ofrezca o la cilindrada del motor al que esté asociado) goza de las mismas ventajas que cualquier coche híbrido o híbrido enchufable de menos de 40 kilómetros de autonomía. Esto nos deja con un amplio abanico de posibilidades que consideran igual de eficientes y respetuosos con el medio ambiente unos coches y otros. A ello debemos añadir que para el actual reglamento que rige el etiquetado de emisiones, no existe diferencia entre el uso de motores diésel o gasolina, considerando ambos combustibles como ECO si vienen apoyados por un sistema semihíbrido y la norma Euro 6.

Este forma de entender la etiqueta ECO es lo que nos lleva a reflexionar sobre si ya, a estas alturas, la etiqueta ECO ha quedado obsoleta al no ser capaz de diferenciar coches con sistemas de propulsión tan dispares, pues cumpliendo con la normativa Euro 6 y ofreciendo tecnología semihíbrida, el sello ECO es concedido. La tecnología semihíbrida se ha convertido en un recurso sencillo y muy barato para convertir cualquier coche etiqueta C en etiqueta ECO.

Para simplificar al máximo lo ridículo del caso, solo hace falta que nos fijemos en el siguiente ejemplo basados en coches homologados bajo normativa Euro 6. Mientras un Peugeot 208 1.6 BlueHDI de 100 CV que homologa 110 gramos de CO2 por kilómetro recibe la etiqueta C, un Mercedes-AMG GT 4 puertas Coupé 53 4MATIC+ con motor 3.0 Turbo de 435 CV que homologa 209 gramos de CO2 recibe la etiqueta ECO, misma etiqueta ECO que recibe un Hyundai Ioniq con motor híbrido-gasolina de 141 CV que homologa 84 gramos de CO2. A esa diferencia después tendríamos que añadir la discrepancia que existe entre emisiones reales y homologadas, lo que hace aún más alarmante la falta de criterio de la etiqueta ECO.

Fuente: Diario Motor