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13/07/2018

La industria se rebela contra la guerra del Gobierno al diésel


La ministra de Transición Ecológica aseguró este miércoles que "el diésel tiene los días contados"




Apenas 24 horas después del encuentro con José Vicente de los Mozos, el presidente de Anfac, la asociación de fabricantes de automóviles en España, la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha sentenciado a muerte al motor diésel. Concretamente, en el Congreso de los Diputados ha asegurado que «el diésel tiene los días contados. Durará más o menos, pero sabemos que el impacto de las partículas que emite en lo que respiramos es suficientemente importante como para ir pensando en un proceso de salida».

En ese contexto, ha considerado que eran muy razonables y normales las restricciones al tráfico de vehículos con motores diésel que preparan los ayuntamientos de algunas ciudades, pues cree necesario facilitar la movilidad «sin perjudicar la salud de los ciudadanos». En este sentido, ha señalado que el Gobierno debe plantearse qué señales fiscales y regulatorias puede aprobar para acompañar a los gobiernos municipales «en ese proceso de cambio».

La ministra ha dejado entrever penalizaciones fiscales, sea en el carburante, sea en los vehículos con estos motores, para «facilitar los comportamientos responsables del consumidor. En todo caso, sobre una posible subida de impuestos que pudiera afectar al gasóleo, Teresa Ribera se ha remitido a su colega María Jesús Montero, titular de Hacienda.

La contundencia de las declaraciones de la ministra ha sorprendido en el sector ya que las consideran consecuencia de la mala imagen que se ha creado respecto a este tipo de motores tras el dieselgate. Sin entrar en consideraciones de tipo industrial o social, creen que no es consecuencia del análisis de la tecnología pues lo que han logrado los fabricantes de automóviles en los últimos tiempos es conseguir que los motores diésel, líderes en eficacia respecto al resto de los de combustión interna, sean también tan limpios como los de gasolina.


Mismas partículas en diésel y gasolina

Según la evolución de las emisiones de los motores diésel y gasolina en los últimos 26 años se puede apreciar que los primeros tienen los mismos límites de emisiones o incluso menores que los motores de gasolina. Salvo en los óxidos de nitrógeno, en los que pueden estar en algún caso ligeramente por encima (0,02 gramos por kilómetro).

En cuanto a las emisiones de partículas, expresamente mencionadas por la ministra, en la industria se tiene la sensación de que se refería a humeantes motores diésel con más de 20 años de antigüedad, que contribuyen al problema de la baja calidad del aire, y no a los actuales. Estos últimos emiten la misma cantidad de partículas que los de gasolina y, como ya se ha dicho, son más eficientes y consumen menos carburante, expulsando menos gases de efecto invernadero (CO2). Por cierto, una eventual desaparición del diésel, haría más difícil la buscada descarbonización del transporte.

El acoso al diésel va a perjudicar, en primer lugar, a propietarios de vehículos con esta tecnología, cuyo valor en el mercado de ocasión va a descender dramáticamente. En segundo lugar, a la industria, capaz de cambiar la producción de motores diésel a gasolina con rapidez pero también con inversiones no previstas que habrá que amortizar. Las empresas de logística, en pleno boom de las ventas por internet gracias al éxito de Amazon, que utilizan vehículos diésel para su reparto urbano. Y en último lugar, sale dañada la credibilidad de un país al que los inversores le piden, sobre todo, estabilidad en sus normas.


La UE endurece las normas de emisiones

No sólo los propietarios, la logística y la industria van a sufrir las consecuencias de esta guerra al diésel. A España, como país se le va a poner más difícil cumplir con los porcentajes de reducción del CO2 que impone Europa y que, como han reconocido otros países -Alemania, por ejemplo- hacen necesario un porcentaje de matriculaciones de vehículos diésel cuyas emisiones son entre un 10% y un 15% menores que las de uno de gasolina. El descenso de las ventas de vehículos con motores diésel ya ha tenido un primer efecto negativo, pues la emisiones de CO2 generadas por el automóvil crecieron en 2017 hasta 116 gramos de CO2 por primera vez en 10 años.

La Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA) manifestó ayer su preocupación ante la dureza de los límites y la brevedad de los plazos que fija la Comisión Europea (CE).

El organismo europeo que parte de una media de 95 gramos de CO2 en el conjunto de coches que se matriculen en 2020. Se analizarán los niveles que se registren ese año y en 2021 se les aplicará una reducción del 15%, que se hará efectiva en 2025, y del 30% en 2030. Estos objetivos sólo se conseguirán si se eleva la cuota de coches eléctricos.

Por el momento, en la UE representan sólo el 0,7% del volumen total de ventas, pero fabricantes como Renault o Volkswagen van a aumentar su oferta. En España el porcentaje está por debajo. Hay 66,6 millones aprobados para incentivar la venta de vehículos eléctricos y ECO además de infraestructuras de carga dentro del plan VEA. Esta dotación está bloqueada y podría seguir así hasta final de año.