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21/03/2022

El desabastecimiento se nota en Bizkaia: EasyGas se queda sin combustible


Las estaciones de Galdakao y Mungia se han quedado sin reservas de diésel y gasolina



La huelga del transportistas cumple este lunes una semana y las gasolineras vizcaínas comienzan a notar sus consecuencias. Desde primera hora de la mañana, dos estaciones de servicio de la cadena low cost EasyGas no pueden dispensar combustible. «No tenemos diésel ni gasolina, pero estamos a la espera que de que el camión llegue a lo largo del día de hoy», cuenta David Ortega, encargado de la gasolinera de esta cadena de bajo coste en Galdakao. En la estación de Mungia se vive el mismo escenario. El camión de abastecimiento no llega desde el viernes. En la estación de Ontón, donde recibieron el útimo camión con combustible el pasado miércoles, «les queda algo de diésel».

El CEO de la cadena EasyGas, Joseba Barrenengoa ha alertado de la «grave situación» de sus áreas de servicio con el cierre de varias de ellas por la falta de producto. Barrenengoa espera que a lo largo del día puedan llegar camiones con combustible y abrir de nuevo ya que están «buscando empresas» que les ayuden a salir de esta situación. «Nos hemos visto muy afectados porque nuestro transporte son trabajadores autónomos. Muchos de ellos no están trabajando por miedo a que les dañen el vehículo mientras que otros secundan los paros». Las colas en las gasolineras de EasyGas son habituales porque son de las estaciones más económicas de Bizkaia.

Mientras, los supermercados están a la espera de cómo evolucionan los paros esta semana. Durante la primera semana de huelga no se han notado problemas significativos de abastecimiento en Bizkaia pero desde hoy la situación se puede complicar. Las firmas de distribución y los negocios de alimentación llevan siete días alertando de que si no cambiaban las cosas esta semana, la que hoy empieza sí puede ser crítica. Consumida buena parte de los stocks -en parte, para hacer frente a una demanda impulsiva y algo caótica- llega ahora el momento de medir el impacto de la guerra de Ucrania en la rutina de Bizkaia.

Lo más visible por su incidencia directa son los problemas para que lleguen mercancías debido a la huelga de transportes. Es cierto que la plataforma convocante es minoritaria y su afección al movimiento de camiones ha sido de algún modo limitada, salvando excepciones dramáticas como los serios problemas en el Puerto de Bilbao, que está al borde del colapso. Eso ya es mucho porque la infraestructura es vital y supone el 2,55% del PIB vizcaíno. Pero es que además el sector del transporte lleva mucho tiempo al límite y una vez encendida la mecha de la conflictividad los efectos son imprevisibles. El consejero de Seguridad, Josu Erkoreka, ya avisó este fin de semana de que algunas empresas habían pedido protección a la Ertzaintza para garantizar el derecho al trabajo de los camioneros que no se unen al paro y que podrían estar amenazados por los piquetes. Hay tensión. Además, hay que tener en cuenta que tanto quienes paran como quienes no lo hacen están, mayoritariamente, con el agua al cuello. Ya lo estaban antes, y ahora más.

Miedo a la escasez

Esta situación con los transportistas no es, ni de lejos, la única amenaza. El disparatado precio de los combustibles como consecuencia de la guerra de Ucrania también está condicionando la actividad de prácticamente todos los sectores productivos, ya sea de manera directa o indirecta. Muy directamente, de la pesca, con la flota de bajura vizcaína amarrada a puerto ya durante la semana pasada porque la altísima factura de gasóleo hace inviable hacerse a la mar. Esto, claro, compromete el suministro de pescado.

En general todo el sector primario está al borde del precipicio. Como se ve, es otra actividad productiva que arrastra una crisis crónica y para la que la situación actual no ha sido la gota, sino el tsunami que ha desbordado el vaso. Lo han dejado muy claro ayer en Madrid más de 100.000 personas del mundo rural (agricultores, ganaderos, regantes, pescadores...) que han lanzado un grito de auxilio. Es decir, que el problema no es sólo que los productos de primera necesidad lleguen a los supermercados, sino que lleguen incluso a producirse. Muchos se pueden importar, claro. Lo malo es que Ucrania es el mayor productor europeo de cereales y de ciertos alimentos esenciales, como el aceite de girasol, lo que sigue complicando el asunto.

También los precios

El riesgo no es solo el desabastecimiento, sino los precios. Partimos con el IPC más disparado desde hace más de tres décadas (7,6% en febrero) y el panorama está empeorando. Con el agravante de que la subida del petróleo condiciona no sólo los costes de producción y el transporte, sino todo lo demás. Por ejemplo, el empaquetado con plásticos.

Esta semana que hoy comienza también lo hace con las alarmas encendidas en la industria. La patronal vasca, Confebask, alertó el viernes de que los precios de la energía pueden traer «consecuencias desconocidas» para las empresas. Es más, los empresarios advirtieron de que «muchas firmas pueden verse obligadas a cerrar en pocos días». Algunas plantas con consumos intensivos de energía eléctrica ya lo han hecho. Ante semejante situación Confebask avanza una lluvia de ERTE salvo que sobrevenga un cambio radical en el escenario actual.

Todo ello obligará a aumentar el gasto público al mismo tiempo que, previsiblemente, se reducirá la recaudación fiscal. Esta semana, además, el Gobierno vasco revisará sus previsiones de crecimiento para un 2022 que se preveía muy positivo y que se ha revelado explosivo. Los próximos días darán pistas de hasta qué punto lo será.

Fuente: El correo