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06/10/2021

Catástrofe ambiental por un vertido de petróleo en el sur de California


Casi 573.000 litros de crudo están afectando a la fauna salvaje y a zonas protegidas y han obligado a cerrar playas.




El Pacífico vuelve a mancharse de petróleo. El fallo por causas aún no determinadas de un oleoducto en la costa del sur del California este fin de semana ha provocado un vertido de cerca de 573.000 litros de crudo, un desastre que las autoridades ya definen de una "catástrofe" ambiental que puede ser la mayor en décadas en la región y que, según una de las responsables políticas del condado de Orange, la supervisora Katrina Foley, va a provocar un "impacto ambiental irreversible".

El vertido se inició aparentemente a unos siete kilómetros de la costa de Newport Beach por la fractura en un oleoducto de 28 kilómetros que conecta esa costa con una de las plataformas operadas por Beta Offshore, propiedad de Amplify Energy Corporation. La fuga ha dejado una mancha de petróleo de 13 kilómetros cuadrados que seguía creciendo el domingo, aunque la empresa aseguró que extrajo todo el crudo en el oleoducto tras conocer la fuga y que el vertido ya ha alcanzado su tope.

Inmediatamente empezó a afectar a la fauna de la zona y a marismas protegidas y obligó a cerrar playas en la región entre Huntington Beach y Newport Beach, que pueden permanecer vetadas al público durante semanas e incluso meses. Han empezado ya a encontrarse aves y peces muertos y la mancha de petróleo aparentemente ha entrado en la marisma Talbert, una zona de 10 hectáreas vital para docenas de especies de aves.

Aunque los vecinos empezaron a informar sobre los fuertes olores que llegaban por las brisas ya el viernes no fue hasta el sábado cuando se confirmó oficialmente el vertido. Empezaron entonces los trabajos para tratar de contenerlo, con la guardia costera al frente de esos esfuerzos, en los que se han instalado barreras flotantes y separadores de aceite y se intenta frenar la entrada del crudo en la reserva ecológica Bolsa Chica.


"Una bomba de relojería"

Este último vertido llega más de cinco décadas después de que otro devastador en la costa de Santa Bárbara en 1969 horrorizara a la población de California e impulsara el movimiento medioambiental moderno en Estados Unidos. A partir de entonces el estado limitó las perforaciones en el mar pero estas han seguido permitidas en aguas controladas por el gobierno federal a través del Departamento del Interior, como es el caso de este último vertido.

El desastre, que llega tras otros en 1990 y en 2015, ha reavivado la conversación pública y las denuncias de expertos y activistas sobre los riesgos de la explotación de combustibles fósiles, especialmente en casos como este en los que entran en juego infraestructuras obsoletas, pues la plataforma implicada en este vertido empezó a operar en 1980.

Hace tiempo que algunos expertos advierten de que la situación es “una bomba de relojería” y en 2018, cuando Miyoko Sakashita, directora de Océanos en el Center for Biological Diversity, hizo un estudio de la situación de esas plataformas en la zona, advirtió de que “mucha de la infraestructura está vieja y corroída. (Las plataformas) Deberían haber sido desmanteladas”, dijo. “No hay un sistema robusto de control”.

La empresa que opera las instalaciones afectadas salió hace solo cuatro años de una reestructuración bajo las leyes de bancarrota y, según ha informado el 'Los Angeles Times', acumula una larga lista de incidentes de incumplimiento de normas federales y violaciones.


Fuente: EL PERIÓDICO