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26/02/2021

El precio de las gasolinas frente a la caída del petróleo en 2020





2020 ha supuesto un punto de inflexión para la industria petrolera. En España no se echaba tan poca gasolina desde 1973; el consumo se desplomó, rompiendo seis años de subidas, pero la vuelta a una especie de normalidad va equilibrando la débil balanza.

Un estudio del Real Automóvil Club de España (RACE) analiza cómo osciló el precio del diésel y la gasolina en el fatídico 2020 en España: poco antes de que empezara el confinamiento duro, los precios estaban disparados, pero no bajaron todo lo que deberían durante el parón de movilidad.

Abril, el mes negro.

Según datos del RACE, a principios de 2020, el coste de la gasolina y el gasóleo alcanzó en España el precio más alto del año con unas cifras de 1,31 euros por litro para el primero y 1,24 euros por litro para el segundo.

A partir de febrero comenzaron a bajar, y en abril, cuando se produjo la caída más pronunciada de la demanda en años, el litro de gasolina estaba a 1,10 euros y el de gasóleo a 1,01.

Según datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos en este mes -el peor de la historia en el sector petrolero- el consumo de combustibles de automoción se desplomó hasta poco más de 900 toneladas, cuando en abril de 2019 rondaba las 2.500 toneladas.

Fue un momento en el que los barriles de crudo se tenían que almacenar en enormes buques flotantes por exceso de stock, y el petróleo cotizó en negativo en EEUU por primera vez en la historia.

Es decir, los comerciantes se llevaban dinero por esos barriles, en vez de pagar por ellos porque no había demanda. El mundo se había parado.

Así, abril y mayo fueron los meses más felices para nuestros bolsillos (se estima que el gasto medio anual en combustible es de 2.000 euros), pero a partir de junio vemos cómo esos precios se van recuperando.

En julio, con el fin del confinamiento duro y un relajamiento enfocado a salvar la campaña de verano, se alcanzó el pico máximo anual de la demanda de combustibles, superando las 2.400 toneladas, pero aún muy por debajo de los valores que veíamos hace un lustro.

Cerramos 2020 pagando 1,18 euros por litro para la gasolina y 1,06 para el diésel en diciembre.

¿Vemos una bajada de precios acorde a este desplome en abril? La respuesta es no. Y es que el precio de los carburantes no se rige únicamente por lo que se paga por los barriles.

¿Qué factores influyen en el precio del combustible?

Antes de diferenciar entre tipos de combustibles y su calidad, que determinan el precio final del litro, hay que tener en cuenta que cualquier tensión geopolítica y crisis económica afecta a lo que acabamos pagando.

Aquí Irán, Venezuela, Arabia Saudí, Rusia o EEUU juegan un papel crucial. A partir de aquí, la materia prima, el petróleo, supone cerca del 36 % del valor total del combustible.

A esto hay que sumar los impuestos, que suponen en torno al 50 % del total del precio. Son, según explica el RACE, el IVA, el Impuesto Especial de Hidrocarburos y el Impuesto de Ventas Minoristas.

Además, el tipo de combustible (es más barato repostar gas GLP que gas GNC o diésel frente a gasolina) y la calidad (premium o normal), definen el precio por litro.

El precio final del combustible se completa con los costes fijos de logística y distribución, que suponen un 12 % del coste total y un 2 % del margen bruto que se queda el mayorista.

También hay que tener en cuenta que cada comercializadora puede establecer sus propios precios, mientras que los márgenes de comercialización se pueden inflar casi a antojo, hasta que la Comisión Nacional de la Competencia se mete de por medio.

Para hacernos una idea de cómo afectan estos factores en el precio del repostaje, por cada 50 euros de combustible, pagamos 18 euros por la materia prima, 25 euros en impuestos, 6 euros por coste de logística y comercialización y un euro del margen bruto para el mayorista.

Por Vitoria Fuentes.

Fuente: Motorpasión.