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17/11/2020

La exploración de petróleo en el Ártico, en manos de los tribunales


Greenpeace y una ONG ecologista alegan que Noruega incumple la Constitución




El Tribunal Supremo de Noruega ha dejado visto para sentencia un caso que, en función del veredicto, podría suponer el fin de las actividades petroleras en el océano Ártico. O, como mínimo, generar muchos quebraderos de cabeza al Gobierno del país nórdico, el segundo mayor productor de petróleo de Europa y uno de los principales exportadores de gas del mundo. El caso se remonta al 2016, cuando el Parlamento noruego aprobó abrir, por primera vez en 20 años, una nueva área de exploración de hidrocarburos en el mar de Barents, tras lo que el Gobierno otorgó diez licencias a un total de 13 compañías. Greenpeace y Natur og Ungdom –la mayor organización de jóvenes ecologistas de Noruega– iniciaron entonces una batalla legal contra el Estado noruego reclamando la anulación de los permisos con el argumento de que viola un apartado de la Constitución. En concreto, se basan en el artículo 112, que establece el derecho a un medio ambiente saludable e impone al Gobierno el deber de defender este derecho para las generaciones actuales y futuras. Tras perder el caso en el tribunal de distrito de Oslo y en la corte de apelación, decidieron llevarlo a la más alta instancia del país. El juicio en el Supremo concluyó el jueves, y se espera que la sentencia se haga pública a finales de año o principios del que viene.


Noruega, cuyo fondo soberano es el mayor del mundo gracias a la riqueza derivada de la explotación de los hidrocarburos, es uno de los firmantes del Acuerdo de París y se ha comprometido a reducir las emisiones de CO2 pese a estar fuera de la UE. Sin embargo, considera que no es responsable de la contaminación generada en otros países con los hidrocarburos que exporta, un aspecto que rebaten las organizaciones demandantes. “Las emisiones derivadas de la producción son solo una parte, pero también hay que tener en cuenta las que se generan cuando el petróleo se quema en otros lugares del mundo. Da igual si el petróleo es noruego, saudí o estadounidense; el daño para el medio ambiente es el mismo”, argumenta a La Vanguardia Frode Pleym, líder de Greenpeace Noruega. Detalla que el país escandinavo emite unos 50 millones de toneladas de CO2 anualmente, una cifra que se multiplica por diez si se suman las emisiones del petróleo y el gas noruego utilizados en otros países.


Las oenegés intentan parar la búsqueda de hidrocarburos en el mar de Barents


El fiscal general de Noruega, Fredrik Sejersted, argumentó en el juicio que el Acuerdo de París establece que cada país es responsable de las emisiones dentro de sus fronteras, y que la Constitución no puede tener poder fuera de Noruega. Además, argumentó que en esta zona del Ártico todavía no se ha descubierto petróleo y que, en caso de hacerlo, no se podría empezar a producir hasta 2030, lo que hace imposible medir el impacto climático de estas licencias, teniendo en cuenta la situación cambiante del mercado y la tecnología. En el primer juicio, el tribunal consideró que Noruega no es responsable de la contaminación en el extranjero, mientras que, en el segundo, pese a haber perdido la apelación, el tribunal concluyó lo contrario. “Eso fue una gran victoria”, dice Andreas Randøy, vicepresidente de Natur og Ungdom, que se muestra “bastante confiado” en esta nueva contienda judicial. Añade que el tiempo ha jugado a su favor, ya que “el mundo es diferente” ahora que hace cuatro años. “Al principio mucha gente pensaba que estábamos reaccionando exageradamente, pero no creo que ahora exista esta impresión”, afirma, y hace referencia al gran poder de movilización del movimiento ‘Fridays for Future iniciado por la sueca Greta Thunberg.


El Tribunal Supremo del país nórdico decidirá sobre el futuro de las prospecciones


Por su parte, Pleym cree que también se han visto favorecidos por una información publicada recientemente en los medios noruegos que revelaba que el Gobierno omitió las potenciales pérdidas económicas vinculadas a la exploración petrolera en el Ártico cuando entregó sus informes a los partidos parlamentarios para su debate. “La credibilidad del Estado noruego se ha visto gravemente dañada con este escándalo”, considera el líder de Greenpeace. Según Pleym, este juicio es muy importante porque puede sentar un precedente para otros países productores de petróleo. “Si hay algún país en el mundo que tiene el dinero, la tecnología y la capacidad de empezar la transición de los combustibles fósiles a las energías renovables es Noruega. Si nosotros no podemos hacerlo, ¿cómo vamos a argumentar que otros países deben recortar sus emisiones?”, sostiene.


Fuente: lavanguardia.com